divendres, 12 de desembre de 2014

52 domingos



52 domingos (1965), de Llorenç Soler, ens parla  d'aquells joves treballadors vinguts d'Andalusia, que es feien maletillas i anaven a entrenar a Montjuïc, somniant escapar de la vida de la classe obrera immigrada que es va assentar en massa a la Barcelona de la postguerra. Les esplanades al voltant del vell estadi de Montjuïc que es queia a trossos, amb les barraques de Can Valero com a decorat, banda sonora de tonadilleras i l'esperança de sortir un dia per la puerta grande. Il·lusions construïdes a cops de verònica i realitat de carn de maó i suor de ciment, a l'obra o a la fàbrica, i en l'horitzó sempre el mar. Un mar massa sovint de llàgrimes.


8 comentaris:

  1. Excelente documental. Hay imágenes de un patetismo estremecedor.
    Conocí por aquellos mismos años situaciones muy parecidas en Carabanchel, Madrid, donde viví cuatro años entre las dos largas y felices estancias americanas. La gente solía reírse mucho cuando el torete revolcaba a los novilleros bisoños.
    JL

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    1. Curiosamente, esta semana nos unes los toros.

      Seguramente esa es la definición, José Luis: patetismos estremecedor. A mí me sobrecogen. Yo viví un tiempo, siendo niño, en que el toreo me parecía una expresión artística más. No me detenía en la muerte del todo ni en otras crueldades, ni en etiquetas como "fiesta nacional" ni nada parecido. Era como una danza. Leía las crónicas del "Diario de Barcelona", me dejaba llevar por su lenguaje barroco y me encantaba con los dibujos hechos a plumilla de Tarruella. Me tocó vivir la época de "el Viti" y me dejé llevar por ese toreo que los entendidos llamaban neoclásico, por el señorío y las referencias a Belmonte, que se dibujaba en mi imaginación como un mito. Lo miraba por televisión, sin ninguna pasión, como si fuera un dibujo de Goya. De hecho, no era real. En todo caso, tan real como "El Lazarillo".

      Las imágenes de este documental me llevan a los años que descubrí el Montjuïc marginal, el del viejo estadio cayéndose a trozos, el de las barracas de Can Valero y el de esos chiquillos buscando un futuro en un paisaje lunar. La otra cara del mundo de los toros: la de los pobres buscando la Arcadia. Y con el pan, el circo: un mundo podrido en un país putrefacto.

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    2. ¡El Viti fue mi torero favorito muchos años! Incluso más que Bienvenida, Ordoñez y Camino.
      Un día cualquiera, cuando las encuentre, daré a conocer mis fotos de torero. Llegué a lidiar unas cuantas novilladas con y sin picadores, tanto aquí como en América. Recojo algunas de aquellas experiencias, las más divertidas, en mi novela "Guaracha de Isla Verde y Guaguancó de las Islas Vírgenes" (se encuentra en la red, gratis total). Buen momento para lo de las fotos, cuando las encuentre, ya digo, ahora que hace más de veinte años que no piso una plaza de toros, salvo si de ver conciertos se trata, y ahora que no me importaría nada, pero nada, la abolición de las corridas de toros, aunque los argumentos de los animalistas me resultan tan inanes, por no decir imbéciles, como los de los taurinos.
      JL

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    3. Espero que algún día podamos sentarnos y charlar largo y tendido sobre este y otros aspectos de tu vida que me tienen encandilado.

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    4. ¡Ja, ja, ja!
      Bé, ja en parlarem… Pero mi vida, a partir de los veinte años, ha sido mucho menos aventurera y divertida que cuando lo de las novilladas. Estudiar, trabajar, casarme, divorciarme, arruinarme con proyectos editoriales y con una librería... y bueno, sí; golfear un poco de vez en cuando, ¡collons, cómo no!
      Un abrazo,
      JL

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  2. Llorenç Soler fue profesor en el CEI (centro de enseñanzas de la imágen). Dirigía un curso de Cine en Super-8 y 16 mm en el que me apunté. Si no recuerdo mal, excepto en la 1ª clase, en las restantes todo fueron clases prácticas de filmación, cada uno con su propia cámara. Se revelaban y se comentaban posteriormente. Hicimos algún rodaje en exteriores y una película colectiva de fin de curso. Conservo mis filmaciones y sobre todo un buen recuerdo de un gran director y excelente persona.

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    1. ¡Te honra ese bonito recuerdo de un buen profesor y la gratitud que dejas entrever!
      JL

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    2. Imagino, Eugenio, que tener a Llorenç Soler como profesor habrá sido un lujo. Pocas veces (y cada vez menos) se tiene la oportunidad de disfrutar de la experiencia de un profesor con una capacidad creativa como la suya.

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